El Arte de Complicarnos la Vida

El Arte de complicarnos la vida

Hace unos años estaba haciendo el Camino de Santiago con un buen amigo. Recuerdo que estábamos cerca de Villafranca del Bierzo cuando nos adelantó una chica rubia, alta, de unos treinta años, con una zancada larga y un ritmo altísimo, que llamaba la atención. Hicimos nuestras suposiciones sobre su nacionalidad: alemana decía él, mientras para mí era más bien sueca. Al final, ninguno de los dos acertaba: letona.

La alcanzamos un poco más adelante, en una parada técnica de pincho de tortilla y cervecita. Y a partir de ahí, seguimos caminando juntos durante unas pocas horas ese día. Si su manera de caminar nos sorprendió, imagina la cara que pusimos cuando nos cuenta que había arrancado, no desde Saint-Jean-Pied-de-Port (al otro lado de los Pirineos), no…. !!! Desde 600 kms antes¡¡¡. A partir de ahí, que llevase un mes haciendo una media de más de 50 kms al día, y que sus planes fueran hacerse una ultima etapa extra entre Santiago y Fisterra, ochenta y pico kilómetros, corriendo, pues qué quieres que te diga, no ayudó a que nos recuperásemos del “shock”. Tres días llevábamos andando nosotros y nos parecía suficiente para justificar nuestro ritmo “confortable”.

Sin embargo, a medida que conversábamos, su capacidad física dejó de parecerme lo más destacable. Ni siquiera que llevase un mes atravesando Europa con tan solo una pequeña mochila de 3 kgs de peso más lo puesto.

Me contó que era abogada en su país y que estaba haciendo el Camino porque había dejado el trabajo y tenía un mes hasta empezar en el nuevo puesto que había encontrado. Ese era el tiempo que tenía y en ese tiempo iba a hacer el Camino. Y había dejado su trabajo, bien pagado y con cierto estátus social, asumiendo que ahora iba a ganar menos, en un trabajo menos “reconocido”, porque no encajaba en su “diseño” de vida. Vamos, que no le permitía tener la vida que ella quería. Y su vida era lo principal. El trabajo solo un “medio” para poder disfrutarla.

 

¿Por qué sigues haciendo lo que no te gusta? y otras preguntas que no nos hacemos…

Era un placer escucharla. “Me di cuenta de que no podía hacer las cosas que yo quería hacer. El trabajo me ocupaba casi todo mi tiempo… me gusta correr por el monte, me gusta nadar, salir con los amigos, ir a eventos culturales. Me encanta leer, puedo estar horas en casa simplemente sentada y leyendo…. Por eso me di cuenta de que necesitaba un tiempo para mi, para tener todas estas cosas en mi vida. Con mi trabajo de antes era imposible, así que lo dejé y busqué un trabajo que me permitiera tiempo para mi. Y decidí que mi tiempo serían 4 horas al día, por lo que busqué un trabajo que terminase a las 16:00”.

Lo dijo de una forma que parecía lo más sencillo del mundo. Y lo más obvio. Tanto que no pude menos que buscarle algún pero, al estilo de que no es tan fácil aquí, que es complicado, Letonia será otra cosa, etc… lo típico, vamos. “¿Qué tiene de difícil? Simplemente tienes que tener claro qué es lo que quieres y buscar lo que se ajuste a lo que quieres. Si tienes un objetivo y lo tienes bien definido, no hay más opciones. Te mueves hacia ese objetivo, no es negociable nada más. No hay excusas. Si no te gusta tu trabajo, déjalo. Si no lo puedes dejar en estos momentos, piensa qué opciones hay para dejarlo y plantéalas. Una tras otra, no como excusas para seguir en tu situación. Haz con tu vida lo que te guste. ¿Necesitas dinero? Piensa como ganarlo, hay muchas opciones. Pero no te olvides que es algo secundario en tu vida. Es algo necesario para que puedas llevar la vida que te gusta, no tu prioridad número uno. Lo ideal es conseguir que te paguen por algo que harías gratis. Que hagas lo que te gusta, lleves el tipo de vida que quieres y, de alguna forma, te paguen por ello”.

 

Lo que un corredor de largas distancias te puede enseñar

Y todo esto desde su filosofía personal de corredora de largas distancias. Por un lado: Simplifica. Elimina todo lo superfluo y quédate con lo que de verdad importa. Tus decisiones serán más fáciles. Cuando corres ultrafondo, la mochila se reduce al mínimo. No compensa la “comodidad” que te pudiera ofrecer lo que llevas en la espalda con el “perjuicio” de llevarlo durante tantos kilómetros. Al principio, ni te enteras, pero un par de kilos de más tendrán consecuencias bastante más importantes de lo que crees antes de que te des cuenta… y quizás ya sea demasiado tarde.

Por otro lado: ir paso a paso. Con la mente en el aquí y el ahora. En el siguiente paso. Punto. No se corren más de cien kms pensando en que te quedan más de noventa y ya estás cansado. La mente puede ser tu peor enemigo, así que céntrate en el siguiente paso, en el siguiente kilómetro… y punto.

La vida es más sencilla de lo que la hacemos. Nos la complicamos nosotros mismos. Como decía nuestra amiga la letona: “Si no te gusta lo que haces, deja de hacerlo. Así de sencillo.”. La pregunta que yo me hago es: ¿por qué esa resistencia a hacerlo?. ¿Por qué siempre buscamos razones por las que NO lo podemos hacer?. ¿Qué pasaría si lo hacemos?. O mejor, ¿qué es lo peor que podría pasar, siendo realistas, si lo hacemos?.

Al final, todo se reduce a nuestra determinación “real” de hacer algo. Si estamos firmemente convencidos y ponemos nuestras energías, de verdad, en ir haciendo el camino que consideramos nuestro, los resultados que queremos llegarán. Esas pocas horas que pasamos con aquella chica letona fueron realmente interesantes. Se aprende mucho cuando entramos en contacto con nuevos puntos de vista, nuevas formas de ver las cosas.

“El viaje es mejor que el destino”

John Wooden

 

Si quieres “aprender” a mirar las cosas desde nuevos puntos de vista y sientes que ha llegado el momento de replantearte la dirección en la que vas, el trabajar con un coach te puede ayudar mucho. Ponte en contacto conmigo y comencemos el camino.

1 comentario

  1. Un comentarista de WordPress

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